BASES PARA EDUCAR CORRECTAMENTE A SU PERRO O GATO

 

 

Es un tema que trae de cabeza a muchos dueños y que puede ayudarnos a  prevenir muchos y graves problemas de comportamiento en el futuro.

La educación de los cachorros empieza a muy temprana edad en el seno de su propia familia. Desde el momento de su nacimiento, el perro o gato se relaciona con su madre y sus hermanos de camada, y es aquí donde empiezan a establecerse las primeras jerarquías.     

Los individuos más dominantes harán notar su fuerza a la hora de competir por el alimento de su madre, esta competencia será tanto más dura cuantos más hermanos tengan que alimentarse. Ya desde el principio, la madre se encargará de poner orden entre la camada, y no dudará en mostrarse contundente con aquellos que se desmanden.           

Teniendo en cuenta esta educación natural, es lógico pensar que sería beneficioso que los cachorros permanecieran con su familia un buen período de tiempo, alrededor de los tres meses, pero en la mayoría de los casos esto resulta imposible, llegando los cachorritos a nuestras manos con menos edad. En éstos casos nosotros debemos sustituir a su madre en esta tarea.

La base principal de una buena educación consiste en concienciarnos de que el perro o gato, por mucho cariño que le tengamos, ocupa el último puesto en el escalafón de nuestra jerarquía. Si tenemos esto claro, nos resultará más fácil transmitirle el mensaje al animal.    

Esto significa que no toleraremos  bajo ningún concepto ningún tipo de desafío, como gruñidos y enseñar los dientes (en el caso del perro), bufidos y zarpazos (en el caso del gato) y mucho menos mordiscos. Ante cualquier señal de dominancia por su parte actuaremos de forma contundente, y no me estoy refiriendo a emplear la fuerza, bastará con una orden o reprenderle con una voz enérgica (“no”, “quieto”, etc…), manteniéndose firme y repitiendo la orden una y otra vez hasta que obedezca. Desde luego no acaricie al animal antes de que la haya ejecutado y, sobre todo, no se conmueva ante un aspecto aturdido.

Si el cachorro tiene menos de tres meses, no le abrume con órdenes que no puede entender. Es como un bebe que no se le puede enseñar nada aún. Es esencial ser constantes y pacientes, ya que su cachorro lo será, intentando arrebatarle el mando. En todas las ocasiones en que el perro o gato tenga un comportamiento no deseado, deberán responder de la misma manera, aunque pueda resultar aburrido. Ni que decir tiene, que nada de esto tendrá efecto, si cada miembro de la familia actúa de distinta manera. Pónganse de acuerdo en las pautas a seguir y sean perseverantes. Si el cachorro persiste en su mal comportamiento, retírenle cualquier privilegio como caricias, juegos o golosinas. Sé que puede resultar duro actuar así con un perro o gato de tres o cuatro meses, pero les aseguro que será mucho más difícil cuando al cabo de un año, su perro o gato le expulse de su sillón favorito.

Por otro lado también deberá ser recompensado cuando obedezca una orden, bastará con unas caricias y unas palabras cariñosas (“bien”, “muy bien, bonito”, etc…) para reforzar su buen comportamiento. Nada  de frases largas que el animal no comprende.  Al igual que en las reprimendas, el éxito es la utilización de palabras concretas y breves.

En el perro, estas mismas pautas servirán para educarle poco a poco en el hábito de hacer pis y caca en la calle. Dado que hasta finalizar su etapa de vacunación no conviene que salga a la calle, adecuaremos algún rincón de la casa para tal fin, cubriéndolo con papel de periódico o  un salvacamas. Obligue pronto a su cachorro a que sea limpio. No se deje enternecer por el aire compungido que saben poner cuando se han descuidado. Cada vez que el cachorro manifieste su intención de hacer pis, trasládenle rápidamente allí, repitiendo la operación siempre que sea posible y utilizando el sistema de premio/castigo para reforzarlo. Cuando comience a salir a la calle hay que procurar respetar un horario lo más estricto posible para que el cachorro aprenda a aguantar hasta su próxima salida.

Desde las primeras salidas obligue al cachorro a estar pendiente de usted y caminar a su lado.

Y cuando olfatea un árbol o esquina, no  tire de la correa, pues es señal de que se está comunicado con otros perros. Tenga paciencia.

Si el gato no tiene acceso al exterior o éste no es seguro, es necesario tener una bandeja de arena absorbente para que haga sus necesidades y limpiarla con frecuencia, sin preocuparse de enseñarle  a que lo haga ahí, pues desde muy pequeño, su instinto es hacerlo donde halla arena.

El tiempo que se tarda en educar a un perro o gato varía mucho de uno a otro dependiendo de su carácter, pero siempre resulta necesario,  gratificante y provechoso.    

Si a pesar de todo, usted se siente incapaz de controlar alguna situación, especialmente ante manifestaciones de agresividad, no duden en pedir asesoramiento profesional, con el fin de evitar males mayores.

Demuestre al animal un afecto enorme, es esencial para la educación que habrá de seguir.


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